Severiano se sentía orgulloso y satisfecho especialmente por dos cosas: por haber traído la Ryder Cup a España y por haber sacado adelante el golf en nuestro país; un deporte que era mal visto y que actualmente se ha convertido en el tercero en nuestra nación.
Junio de 2008. Es uno de esos domingos que uno no sabe muy bien cómo terminar de pasar. Yo llevaba poco más de un año enganchado al golf. Y decidí irme al Club de Campo de Madrid a dar unas bolas, o sea, a practicar. Su presencia hubiera pasado inadvertida de no haber sido porque me llamó la atención el mimo y la entrega con que una persona se dedicaba a explicarle a un principiante, como yo, los secretos de este deporte. Sorprendente, un domingo por la tarde, el gran Seve Ballesteros, compartiendo sus conocimientos y su experiencia, allí, de manera sencilla, de manera discreta pero seguramente feliz y contento por poder captar a un nuevo socio para la causa.
Así era Ballesteros. Un fenómeno. En lo deportivo ya había tenido oportunidad de demostrarlo tiempo atrás. No tan sólo por esa anécdota que sucedía cuatro meses antes de ser operado a vida o muerte de un tumor cerebral en la Paz de Madrid, que, desgraciadamente, al final ha acabado con su vida. La vida deportiva de Ballesteros se había forjado muchos años antes. En el campo de golf de Pedreña, la pequeña localidad cántabra donde residía con su familia. Allí descubrió que el golf sería su vida, a pesar de que su procedencia humilde no le augurase mucho futuro en un deporte elitista. Comenzó como caddie, para ganarse unas pesetas para sus gastos. Pero en seguida le enganchó la pasión por ese deporte. Tanto que incluso aprovechaba las noches de luna llena para practicar. Contra viento y marea. Y contra el reglamento del club, que no hubiera dudado en ponerle de patitas en la calle de haberle descubierto. Craso error... nos hubiéramos perdido a un talento natural. Un jugador capaz de realizar golpes imposibles o de no emocionarse especialmente cuando ganó sus primeros grandes... Open británico, Master de Augusta, la Ryder Cup, como jugador y como capitán... Tan sólo le quedó la espina del US Open, pero, según me confesó en cierta ocasión, hubiera tenido que sacrificar mucha vida personal para lograrlo.
Tiene uno la sensación de que a Seve se le ha considerado siempre mejor fuera que en su propia casa. Al menos él siempre se quejaba de que en el extranjero se le respetaba, se le quería e incluso se le idolatraba más que en su propio país. Y seguramente no le faltaba razón, pero es que hasta la llegada de Ballesteros, el golf en nuestro país estaba considerado como un deporte clasista, y la repercusión que tenían los éxitos de sus practicantes era más bien escasa, por no decir nula... Pero con Ballesteros todo esto cambió. Severiano coadyuvó a alimentar durante muchos años la leyenda de que el deporte español vivía de los puntuales éxitos y triunfos de personajes como Santana, Bahamontes, Nieto o él mismo. Por eso le dolía mucho que en España no tuviera el mismo predicamento que fuera de nuestras fronteras.
Y seguramente también tenía razón. Todavía recuerdo cuando ganó su segundo Master de Augusta. Fui personalmente a Barajas para recibirle en su triunfal regreso a España. Cuando me vio, me echó una cariñosa reprimenda por la poca repercusión que había tenido su triunfo en TVE, incluso se extrañaba de nuestra presencia en el aeropuerto... A los cinco segundos ya se le había pasado todo y, orgulloso, me sacó de la maleta la famosa chaqueta verde que identifica a los vencedores del torneo para lucirla en la entrevista que le hicimos.
Con el paso del tiempo, he tenido más oportunidades de entrevistar a Seve, las suficientes como para poder constatar que su apreciación inicial ya había cambiado. La última vez que estuve con él fue con motivo de una entrevista para LA GACETA DE LOS NEGOCIOS. La rebeldía del joven que se abre camino con su trabajo había dado paso al deportista curtido en mil campos que confesaba que en los últimos años la situación había cambiado, que los medios de comunicación ya estaban más pendientes de él y que hasta la gente le pedía más autógrafos por la calle que en su época de máximo esplendor, la de los cinco grandes...
Tenía un pronto muy suyo. Pero siempre nos tuvimos un afecto especial. Ya podían pasar años sin vernos que al minuto de reencontrarnos parecía como si nos hubiésemos visto el día anterior. La última vez que estuve personalmente con él tuve la oportunidad de comprobar por mí mismo el cariño que seguía despertando entre la gente. Ya se había retirado. Una retirada prematura por una lesión de espalda que le trajo a mal traer en los últimos años de su vida profesional. Una vida de la que se sentía orgulloso y satisfecho especialmente por dos cosas: por haber traído la Ryder Cup a España, “aunque después la federación se colocase las medallas”, como me dijo textualmente, y por haber sacado adelante el golf en nuestro país; un deporte que era mal visto y que actualmente se ha convertido en el tercero en nuestra nación, con más de 300.000 licencias y más de 250 campos repartidos por toda nuestra geografía.
En España, solemos ser muy dados a reconocer los méritos de las personas una vez que nos han dejado. Y a mí no me gustaría que fuera esa la sensación que nos queda con la marcha de Seve. Creo que sus reconocimientos están ya de sobra acorde con sus merecimientos... Descansa en paz, amigo. Te lo has ganado a pulso, aunque prematuramente.
*Jesús Álvarez es periodista y presentador de TVE.
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